La adolescencia es una edad complicada, sin duda. Pero también puede ser una de las más divertidas y ricas si sabemos cómo acompañarla.

Buscar el lado irónico de las cosas, dar por hecho que pueden hacerlo, quitarle hierro a lo dramático, compartir nuestras propias experiencias, mostrar empatía ante sus problemas… Es la forma más directa de llegar hasta ellos.

Lo que viven por dentro

Los adolescentes pueden llegar a sentirse muy tristes, decepcionados, contradictorios y solos, sin ningún motivo importante aparente. Y sin querer, hieren a los que les rodean, sobre todo a los padres.

Hay que tomarse estos altibajos de humor como algo normal en su desarrollo, no como señales de alarma. No ponernos a su altura, no hacerles ver nuestra decepción por su comportamiento, ser firmes en nuestros principios sin humillar y, sobre todo, no alargar una discusión con rencores o enfados eternos que no llevan a ningún sitio y que hacen que se cierren aún más.

La autoestima se construye con confianza

Mostrarles nuestra confianza hará que se sientan responsables de sus acciones. Si haciéndolo así nos llegan a defraudar, tendremos que recapitular y ajustar los límites. Pero la confianza siempre debe ser el punto de partida, no el premio al final.

Un adolescente al que nunca se le confía nada no aprende a ser responsable. Aprende que no es capaz.

Los adolescentes saben mucho de justicia: todo lo encuentran justo o injusto. Si antes de establecer normas las compartes con ellos, les das seguridad. Y si después son capaces de seguirlas y acatarlas, eso también les da seguridad. El proceso completo —negociación, acuerdo, cumplimiento— es educativo en sí mismo.

El papel de los padres: firmeza sin rigidez

Los padres hemos de ser el palo firme al que se atan para crecer rectos y con confianza. No el árbol que se dobla con cualquier viento, pero tampoco el muro contra el que se golpean.

Firmeza no es inflexibilidad. Es coherencia. Es decir lo que piensas, cumplir lo que dices y mantener el criterio aunque protesten, porque protestarán. Y eso forma parte del proceso.

Señales de que la autoestima necesita atención

No siempre es fácil saber cuándo un adolescente está pasando por un bache de autoestima o cuándo hay algo que merece más atención. Algunas señales a las que prestar atención:

  • Se compara constantemente con otros y siempre sale perdiendo
  • Abandona actividades que antes le gustaban sin dar explicación
  • Evita situaciones nuevas o cualquier cosa en la que pueda quedar mal
  • Reacciona de forma desproporcionada ante cualquier crítica, por pequeña que sea
  • Ha dejado de hablar de sus cosas en casa

Ante estas señales, lo más importante no es el discurso. Es la presencia. Estar ahí, sin presionar, con calma. Y si el bache se prolonga, buscar acompañamiento profesional a tiempo.

Lo que sí funciona con los adolescentes

  • Hablarles desde la experiencia propia, no desde el sermón
  • Reconocer sus logros, por pequeños que sean
  • Respetar sus tiempos y sus espacios
  • No magnificar los errores
  • Mantener el sentido del humor, sin usarlo para reírnos de ellos
  • Estar disponibles cuando nos buscan, sin presionarles cuando no

La adolescencia no se gestiona, se acompaña. Y acompañar bien es, muchas veces, el mayor regalo que podemos darles.


Si sientes que tu hijo adolescente está perdiendo confianza en sí mismo o que la comunicación en casa se ha complicado, hablemos. Puedo ayudarte a entender qué está pasando y cómo actuar.