Numerosos estudios confirman lo beneficioso que es cenar o comer en familia, una rutina tan sencilla como enriquecedora, sobre todo para los adolescentes. Hay algunos puntos que conviene tener en cuenta para que funcione de verdad.

1. Horario fijo

Marca un horario, que puede moverse cinco minutos arriba o abajo, pero que todos conozcan de antemano. Saber a qué hora se cena, sin sorpresas, da estructura al resto del día.

2. Sin distracciones

Apagar el móvil, la tele, la tablet. Dejar el teléfono en la habitación, apagar la pantalla y conversar mirándose a los ojos es una práctica sencilla que cambia por completo la calidad del rato compartido.

Algunos datos que merece la pena conocer:

  • Los niños que comen habitualmente en familia mejoran su vocabulario hasta en un 40%.
  • Se sienten más seguros en distintos aspectos de su vida, lo que contribuye a un mejor bienestar general.
  • Los adolescentes que cenan o comen al menos tres veces por semana con sus padres tienen hasta tres veces menos tendencia a caer en consumo de drogas o adicciones.

3. Interactuar de verdad

Hablar de temas que interesen a todos, no solo a los adultos. Las cenas no son el momento para riñas o reproches: solo se consigue crear mal ambiente y que nadie quiera quedarse en la mesa.

4. Educar sin que se note

Todo este ritual educa, aunque no lo parezca. En el momento en que toda la familia hace el esfuerzo de cenar juntos, ya se está inculcando esfuerzo, sacrificio y respeto por los demás: esperar el turno para servirse, respetar el turno de palabra sin interrumpir, comer de forma correcta y ordenada.

Cenar o comer en familia, al menos tres veces por semana, requiere un esfuerzo real, sobre todo por parte de los padres, para que la rutina se mantenga en pie. Pero los beneficios son tan importantes que, sinceramente, vale la pena pelear por ese rato cada semana.