A lo largo de la historia, grandes pensadores, educadores y filósofos han reflexionado sobre qué significa realmente educar. Cada vez que necesito recordar el porqué de mi trabajo, vuelvo a alguna de estas diez citas:
Horace Mann: “El maestro que intenta enseñar sin inspirar al alumno con el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío.”
Arturo Graf: “Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender.”
John Locke: “El trabajo del maestro no consiste tanto en enseñar todo lo que puede, sino en producir en el alumno amor y estima por el conocimiento.”
Victor Hugo: “El porvenir está en manos del maestro de escuela.”
Confucio: “Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.”
Buda: “Para enseñar a los demás, primero has de enderezarte a ti mismo.”
Erasmo de Rotterdam: “El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar.”
Malcolm X: “La educación es el pasaporte hacia el futuro; el mañana pertenece a quienes se preparan para él en el día de hoy.”
Jean Cocteau: “Formarse no es nada fácil, pero reformarse lo es menos aún.”
Leonardo da Vinci: “Mediocre alumno el que no sobrepase a su maestro.”
Si tuviera que quedarme con una sola, probablemente sería la de Locke: el verdadero trabajo de quien educa —sea padre, madre o profesor— no es transmitir todo el conocimiento posible, sino conseguir que el otro quiera ir a buscarlo por sí mismo. Todo lo demás viene después.
