Cada año, en septiembre, miles de familias reciben las notas de sus hijos con la misma pregunta: ¿es suficiente?

Y cada año, yo les hago la misma pregunta de vuelta: ¿suficiente para qué?

La trampa de las notas

Los resultados académicos son importantes. No lo voy a negar. Pero hay una diferencia enorme entre ser un buen estudiante y ser una persona excelente.

He conocido a jóvenes con un expediente impecable que no sabían trabajar en equipo. He conocido a estudiantes con notas mediocres que tenían una capacidad de liderazgo extraordinaria. ¿Cuál de los dos estaba más preparado para la vida?

La respuesta, por supuesto, es: depende.

Lo que las notas no miden

Las notas no miden:

  • La curiosidad intelectual
  • La perseverancia ante la dificultad
  • La capacidad de relacionarse con otros
  • La creatividad para resolver problemas
  • El autoconocimiento

Y todas estas cosas… se pueden trabajar. Se pueden medir. Se pueden desarrollar.

Lo que hacemos en orientación

Cuando una familia viene a verme, no le pregunto primero por las notas. Le pregunto: ¿Cómo es tu hijo/a? ¿Qué le apasiona? ¿Cómo reacciona cuando algo se pone difícil?

Los test de personalidad y aptitud que utilizamos no son para clasificar a los jóvenes en “buenos” y “malos”. Son para revelar el perfil único de cada persona y acompañarles a construir su camino desde ahí.

Una reflexión final

La excelencia no es un número. Es una actitud. Es el compromiso de dar lo mejor de ti, en lo que eres y en lo que quieres ser.

Y eso, como orientadora, es lo que me apasiona ayudar a descubrir.


¿Quieres que exploremos el perfil real de tu hijo más allá de sus notas? Escríbeme. Primera consulta sin compromiso.