¿Se nace líder, o es uno mismo quien se convierte en líder? Es una pregunta que me han hecho muchas veces, en distintas versiones, a lo largo de los años.
Mi opinión es que existe una parte genética, una mínima predisposición natural, pero también creo firmemente que las capacidades para ejercer el liderazgo se pueden enseñar. No es solo carácter: es, sobre todo, entrenamiento.
En España tendemos a pensar que el líder “nace”, mientras que en Estados Unidos y Canadá el liderazgo se promueve de forma mucho más activa y deliberada. Allí la palabra “leadership” forma parte del vocabulario cotidiano desde edades muy tempranas, y el propio sistema educativo enseña a los niños a convertirse en líderes sociales, comunitarios, empresariales o incluso políticos, valorando explícitamente a quienes desarrollan estas cualidades.
Más allá de la gestión escolar habitual, existen programas específicos diseñados para potenciar el liderazgo, que sometan a los niños a pruebas de inteligencia y de lógica para identificar quién puede asumir este rol, y acompañarlo en su desarrollo.
Lo interesante es qué entienden ellos por “líder”. Para la mentalidad anglosajona, un líder no es quien simplemente pide que le sigan, sino quien apoya al más débil del equipo, lo ayuda y lo anima cuando pierde. Debe mostrar valores como la generosidad y la capacidad de no necesitar ser siempre el primero.
Y ahí está, para mí, la clave de todo: lo primero que se necesita para ser un líder de verdad es ser generoso. El ego tiene que quedar a un lado, dejando prevalecer el bien del grupo, del equipo o de la comunidad. Ser un líder carismático consiste, sobre todo, en animar a los demás, mostrarse positivo y ayudar a superar las dificultades juntos.
Cuando trabajo con adolescentes que muestran este tipo de cualidades —a veces sin ser conscientes de ello— intento que las reconozcan y las cultiven con intención. El liderazgo, igual que cualquier otra habilidad, mejora con la práctica. Lo que no se entrena, se atrofia; y lo que se acompaña bien desde joven, suele quedarse para toda la vida.
