Dicen que las abejas son la especie más inteligente debido a su alto nivel de aclimatación y adaptación al medio.

Siempre me han sorprendido estos maravillosos seres tan pequeños, tan inteligentes y tan trabajadores.

Yo comparo a nuestros alumnos con estas abejas y pienso que me gustaria que fuesen como ellas, trabajadores, adaptativos e inteligentes.

Cuanto más joven es el estudiante más influirán en él todas las nuevas experiencias.

Su cerebro aprende a amoldarse a nuevas circunstancias y recordará como hacerlo si se le vuelven a presentar situaciones parecida. Los esfuerzos por amoldarse y adaptarse, sin la protección de los padres, les hace ser un poco abejas, desarrollan una inteligencia que aquí con nosotros, los padres, es difícil que lo hagan.

Nos damos cuenta, que el grado de protección hacia los hijos es cada vez mayor.

Nuestros padres no perdían tanto tiempo en pensar si estábamos bien o mal, si nos gustaba o no algo, o si necesitábamos más de lo que teníamos, se suponía siempre que estábamos bien.

Quizás ahora como padres estamos más pendientes de sus necesidades, no creo que esto sea malo, y nos esforzamos más en su curriculum, tampoco creo que sea malo. Pero si es malo que todo ello nos lleve a ser más protectores y controladores.

El hecho de irse de casa un tiempo supone además de todo, que le estamos ofreciendo algo que en casa no podemos darle, le estamos ofreciendo que ejerza otro rol al que está acostumbrado, que se adapte a circunstancias diferentes, quizás no cómodas, pero que sin duda amoldará su personalidad para futuras circunstancias.

Hay una edad para aprender y desarrollar ciertas capacidades, pasar por esas edades sin la oportunidad de hacerlo supone no desarrollar al máximo las posibilidades personales.