A veces algunos educadores, con buena intención o sin ella, desaniman a los estudiantes con dificultades diciéndoles que no van a poder tener éxito académicamente. Tengo un enorme respeto por la profesión docente, pero también creo necesario poner nombre a los mensajes que hacen daño, vengan de donde vengan.

Frases como “no vas a aprobar”, “no estás hecho para estudiar” o “no encajas en nuestro sistema” constituyen, lisa y llanamente, un daño psicológico. Los estudiantes interiorizan estos mensajes y pierden la confianza antes incluso de intentar mejorar de verdad. No es pereza lo que sigue a esa frase: es resignación aprendida.

Cada cerebro requiere un enfoque de enseñanza distinto. Cuando un estudiante con dificultades termina suspendiendo, el fallo casi siempre pertenece al sistema y a los adultos que lo rodean, no al niño. Y los mensajes negativos no corrigen nada: lo único que consiguen es que el estudiante rechace por completo la escuela, que era justo lo contrario de lo que se buscaba.

Lo que dice la neuroeducación

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro aprende mejor en un entorno de seguridad emocional. Cuando un niño o adolescente recibe mensajes negativos de forma repetida, su sistema nervioso lo registra como una amenaza. El resultado no es que se esfuerce más: es que se bloquea.

La teoría de la mentalidad de crecimiento, desarrollada por la psicóloga Carol Dweck, demuestra que los estudiantes que creen que su inteligencia puede desarrollarse obtienen mejores resultados que los que creen que la inteligencia es fija. Un profesor o padre que dice “no puedes” está reforzando exactamente esa creencia limitante.

Lo que sí funciona, especialmente con adolescentes

  • “Eres capaz de aprobar si te comprometes.”
  • “No todo el mundo aprende de la misma manera.”
  • “Creo que podemos diseñar juntos un plan de mejora.”
  • “¿Puedo ayudarte?”

Son frases sencillas, casi obvias, pero cambian por completo la forma en que un adolescente se relaciona con sus propias dificultades. La diferencia no está en el contenido de la frase — está en el mensaje de fondo: confío en ti.

Señales de que tu hijo ha perdido la confianza

Como padres, conviene estar atentos a estas señales:

  • Dice “no puedo” antes de intentarlo.
  • Evita los retos o se rinde enseguida.
  • No quiere que le vean cometer errores.
  • Compara su resultado con el de los demás y siempre sale perdiendo.
  • Ha dejado de pedir ayuda porque asume que no sirve de nada.

Cuando aparecen estas señales, la prioridad no es encontrar más clases particulares. La prioridad es reconstruir la confianza. Todo lo demás viene después.

Qué puedes hacer como padre o madre

  1. Celebra el esfuerzo, no solo el resultado. “Me ha gustado cómo te has puesto con esto” vale más que “muy bien el nueve”.
  2. Normaliza el error. Cuenta tus propios fracasos. Muéstrale que equivocarse es parte de aprender.
  3. Habla con el colegio. Si un profesor está transmitiendo mensajes que dañan la autoestima de tu hijo, tienes todo el derecho de abordarlo.
  4. Busca apoyo externo si es necesario. Una orientación académica a tiempo puede reencauzar la situación antes de que se cronifique.

A los padres les digo siempre lo mismo: no permitas nunca que alguien le diga a tu hijo que es incapaz. Ese tipo de afirmaciones son una forma de abuso psicológico, aunque vengan envueltas en un tono de preocupación o de “realismo”. Los niños no suspenden por incapacidad. Suspenden, casi siempre, porque han perdido la confianza en sí mismos, después de que algún adulto la socavara antes de que pudieran hacer un esfuerzo genuino.

Tu hijo es capaz. Esa frase, dicha de verdad y sostenida en el tiempo, vale más que cualquier clase de refuerzo.